Escuela de Verano 2026 de Materia Abierta. E(scu)c(h)o. Resonancia. Resistencia

Durante el 6 y 13 de agosto de 2026, en la Casa del Lago UNAM, PATIO lab colaboró en la Escuela de Verano 2026 de Materia Abierta con un laboratorio de exploración entre tecnología, cuerpo y territorio. El encuentro reunió a 20 participantes provenientes de distintas geografías y disciplinas —danza, cine, música, arte con tecnologías, entre otras—, en un espacio donde convivimos entre español, portugués e inglés, así como entre diferentes formas de producir y compartir conocimiento.

La propuesta se articuló a partir de cuatro palabras: Eco, Escucha, Resonar y Resistir. Sin embargo, durante el proceso apareció una quinta: Transducción, transformación de un tipo de señal o energía en otra de distinta naturaleza.

En la primera sesión, Sergio Beltrán-García abrió el recorrido desde una reflexión sobre el Eco de las formas con las que hemos producido imágenes y sobre las genealogías que atraviesan tecnologías contemporáneas como el LiDAR y el GPR. Luego, Edith Mendoza trasladó estas preguntas al cuerpo, mediante exploraciones sobre la mirada, la Escucha y la posibilidad de percibir más allá de las jerarquías habituales de los sentidos. Con los ojos cerrados, las personas participantes buscaron reproducir posturas corporales a partir del sonido de otra persona, y exploraron cómo el sonido ocupa, produce y transforma el espacio. La invitación fue a descentrar la mirada y, por momentos, a “soltar la forma humana”.

Una semana después, Resonar implicó aprender a percibir de otras maneras. Leonardo Aranda presentó dos dispositivos construidos a partir de guantes: uno que permitía escuchar la distancia respecto a otros cuerpos mediante sonidos, mientras que el otro traducía la orientación en una vibración háptica. Después de un entrenamiento en el espacio, los dispositivos acompañaron una exploración por los espacios abiertos de Casa del Lago. El recorrido se convirtió también en un ejercicio de memoria y mapeo: seguir a otra persona y reconstruir, después, el trayecto desde aquello que el cuerpo había registrado sin mirar.

Finalmente, Resistir se encontró con Crear. En el foro al aire libre, convertido momentáneamente en nuestra cueva, compartimos las experiencias del recorrido y abrimos conversaciones sobre cómo estas formas alternativas de percepción podían transformar los procesos de creación de cada participante.

Más que buscar una pieza u objeto final, el laboratorio abrió preguntas sobre cómo traducimos entre diferentes formas de conocer. Ensayamos otras maneras de relacionarnos con el territorio, entre las artes y las ciencias, entre el cuerpo y la máquina, entre aquello que vemos y aquello que apenas podemos percibir. La apuesta fue sostener una posición crítica y ética frente a nuestras herramientas de percepción: no sólo aprender a mirar con ellas, sino preguntarnos qué otras formas de conocimiento pueden emerger cuando torcemos sus usos, escuchamos sus resonancias y resistimos las formas de mirar que damos por hegemónicas.

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